Memorias de un burro
Memorias de un burro Mientras yo me devanaba los sesos para demostrar mi arrepentimiento a Augusto, los niños se acercaron a sitio donde yo reflexionaba, al tiempo que pastaba la hierba.
Vi que Augusto se quedaba a distancia, mirándome con aire desconfiado.
Pedro.- Hoy hace calor y no creo que un largo paseo resulte agradable. Mejor será quedarnos a la sombra del parque.
AUGUSTO.- Pedro tiene razón; además de yo me he quedado tan débil que un largo paseo me fatiga.
ENRIQUE.- ¿Le tienes mucha tirria a Cadichón, que tuvo la culpa de tu enfermedad?
AUGUSTO.- No creo que lo hiciera adrede; algo le asustaría en el camino, saltó y me tiró. Así que no le odio; solo que…
PEDRO.- ¿Qué?
AUGUSTO.- (Enrojeciendo ligeramente.) Que prefiero no montar en él.
La generosidad del pobre chico me conmovió y aumentó mi pesar por haberle maltratado.
Camila y Magdalena propusieron jugar a las comiditas; les habían construido un horno en el jardín, que encendían con ramas secas, que iban a recoger por sí mismas.