Memorias de un burro

Memorias de un burro

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Se aceptó la proposición con alegría; todos corrieron a pedir delantales de cocina, y volvieron para prepararlo todo en el jardín.

Augusto y Pedro llevaron ramas, que partían por medió, y llenaron el horno con ellas.

Antes de encenderlo, se reunieron para saber qué iban a hacer de almuerzo.

CAMILA.- Yo haré una tortilla.

MAGDALENA.- Y yo, café con leche.

ISABEL.- Yo, unas chuletitas.

PEDRO.- Yo, una salsa a la vinagreta.

SANTIAGO.- Yo prepararé fresas con leche.

LUIS.- Yo untaré las tostadas con mantequilla.

AUGUSTO.- Pues yo cortaré el pan, pondré los platos, prepararé el vino y el agua y serviré a todos.

Con esto, cada cual fue a pedir a la cocina lo que le hacía falta para el plato que pensaba preparar. Camila llevó huevos, mantequilla, sal, pimienta, una sartén y un tenedor.

CAMILA.- Necesito lumbre para fundir la mantequilla. ¡Augusto, Augusto! Haz el favor de encender el horno.

AUGUSTO.- ¿Por dónde se enciende?

CAMILA.- Por aquí, y de prisita, mientras bato los huevos.

MAGDALENA.- ¡Augusto, Augusto! Corre a la cocina para traer el café, que se me ha olvidado.

AUGUSTO.- Tengo que encender la lumbre.


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