Memorias de un burro
Memorias de un burro El amor propio me da valor; sigo galopando hasta que llegamos a un puente. Me detengo de pronto; acababa de ver que un ancho tablón del puente estaba podrido; yo no 9
10
quería caer al agua con Ernesto, sino volver con los otros, que se habían quedado muy atrás.
-¡Al puente, borriquito mío, al puente!- me dijo Ernesto.
Yo resisto y me arrea un varazo.
Sigo marchando hacia los otros.
-¡Terco! ¡Mala bestia! ¿Quieres volverte y pasar ya el puente?
Y yo siempre andando hacia los camaradas; me reúno a ellos, a pesar de las injurias y de los palos de aquel perverso chico.
-¿Por qué le pegas al burro, Ernesto? –dice Carolina-. Es muy bueno; él te ha hecho pasar a Carlos.
-Le pego porque se obstina en no pasar el puente –dice Ernesto-; se empeña en volver sobre sus pasos.
-Será porque estaba solo; ahora que estamos todos reunidos, pasará el puente como los demás.
“¡Desgraciados! –pensaba yo-. Todos van a caer al río. Voy a ver cómo les demuestro que hay peligro.”
Vuelvo al galope hacia el puente, con satisfacción de Ernesto y algazara de los niños.