Memorias de un burro
Memorias de un burro Antonio empieza a enfadarse; los otros se rÃen y se burlan de él. Yo hago una señal a los camaradas y nos dejamos numerar. Ernesto vuelve con los numeritos en un pañuelo, y, mientras los sacan, vuelvo a hacer otra seña a mis camarada y todos nos sacudimos a más y mejor. Los números se borran. Los chicos se enfadan y se insultan; mis camaradas y yo rebuznamos.
El alboroto atrae a los papás y a las mamás. Se les explica lo que hay. Por fin uno de los papás discurre alinearnos junto a la pared. Se sacan los números.
-¡Uno! Grita Ernesto. (Era yo.)
-¡Dos!
-¡Tres!
Y asà hasta el último.
-Ahora, arranquemos –dice Carlos-. Yo, el primero.
-¡Oh, ya sabré yo alcanzarte! -contesta vivamente Ernesto.
-¡A que no!- dice Carlos.
-¡A que sÃ!- replica Ernesto
Carlos pega a su burro, que sale al galope.
Yo arranco también, tan ligero, que pronto alcanzo a Carlos y a su asno.
Ernesto está encantado; Carlos, furioso.
Yo corrÃa como el viento; pronto dejo atrás a Carlos y oigo a los otros que se rÃen y gritan:
-¡Bravo por el burro número uno! ¡Bravo!... corre como un caballo.