Memorias de un burro
Memorias de un burro Había seis burros alineados en el patio; yo era uno de los más hermosos. Tres niñas nos trajeron avena; mientras comía escuchaba lo que decía los niños.
CARLOS.- Vamos a escoger nuestros burros. Yo, por de pronto, elijo éste. (Y
me señalaba a mí.)
-¡Sí, tú siempre te has de llevar lo mejor! –dijeron a coro los otros-. Hay que sortearlos.
CARLOS.- ¿Cómo vamos a sortearlos?
ANTONIO.- Se los numera uno, dos tres, cuatro, cinco y seis, se ponen los números en un saco y se saca a la suerte.
-¡Eso!- dijeron los otros cinco-. Ernesto, haz los números mientras nosotros los escribimos sobre el lomo de cada burro.
“Estos chicos son tontos –pensaba yo-. Si tuvieran el talento de un burro, en vez de escribirnos los números, con ponerlos alineados junto a la pared y contarnos, ya estaba.”
Entre tanto. Antonio había traído un carbón y me escribía un enorme 1 en la grupa; mientras otro escribía el 2 sobre mi camarada, yo me sacudo fuerte y he aquí que desaparece el 1 trazado con carbón.
Va mi camarada, que me había visto sacudirme y que era muy malicioso, y se sacude también.