Memorias de un burro

Memorias de un burro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Santiago, lleno de alegría, besó a Isabel y le llenó su plato.

Los demás viendo la buena voluntad del niño, le pidieron también, y todos, después de haber probado, declararon que estaba riquísimo, aún mejor que con las fresas enteras.

Santiaguito, que examinaba con inquietud sus caras mientras probaban su postre, se puso radiante cuando vió el éxito de su invento; se sirvió a sí mismo y, aunque no quedaba muy poco, aún le pesó no haber hecho más.

Acabado el almuerzo, se pusieron a fregar la vajilla en un gran lebrillo olvidado allí, y que una gotera había llenado de agua durante la noche.

No fue esto lo menos divertido del asunto, y cuando todo estuvo enjuagado, bien seco y llevado y colocado en su sitio, los niños volvieron a sus estudios, y Augusto se despidió para volver a su casa.

Antes de irse, Augusto me llamó, y viendo que me acercabas, corrió hacia mí y me dio las gracias, con palabras y con caricias, por el servicio que le había hecho.

Vi este sentimiento de gratitud con placer y me confirmó en la idea de que Augusto era mejor de lo que yo le había juzgado por de pronto; que no tenía rencor ni maldad, y que si era algo cobardón y tontuelo, no era culpa suya.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker