Memorias de un burro

Memorias de un burro

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Magdalena estaba muy contenta del éxito de su café; es justo decir que todos lo habían hecho bien y que se lo comieron todito.

Sin embargo, el pobre Santiago tuvo un momento de humillación. Había azucarado la leche y puesto dentro las fresas limpias y el plato estaba muy bien.

Desgraciadamente, terminó antes que los demás. Viendo que le sobraba tiempo, quiso perfeccionarlo, y se puso a chafar las fresas dentro de la leche. Estuvo chafa que te chafa hasta que las fresas quedaron hechas papilla.

Cuando Santiago las sirvió, dijo Camila:

- ¿Qué es eso? ¿Caldo colorado? ¿Con qué lo has hecho?

- No es caldo –contestó Santiago algo confuso-; son fresas con leche. Es muy rico, Camila; prueba…

- ¿Fresas? –dijo Magdalena-. Yo no las veo… Esto es un asco.

- ¡Sí, sí, un asco! –exclamaron los otros.

- Yo creía que bien chafadito estaría mejor –dijo el pobrecillo con los ojos llenos de lágrimas-. Pero, si queréis, iré a coger más fresas y a buscar más leche a la granja.

- NO, no, Santiaguito –dijo Isabel, conmovida por su pena-; puede que esté bueno. ¿Quieres ponerme?


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