Memorias de un burro
Memorias de un burro AUGUSTO.- Yo corrà para ir en vuestra busca, pero los malditos perros corrieron detrás de mÃ, cuando en éstas, Cadichón agarró por el pellejo del lomo al más grande y lo sacudió, mientras yo trepaba al árbol; el otro saltó detrás y me agarro de la ropa, y me hubiera hecho pedazos si Cadichón no me hubiese defendido también; lanzó al aire al primer perro, que fue a caer, todo ensangrentado, algunos pasos más lejos; cogió por el rabo al que me atarazaba, que me soltó al punto; después de arrojarlo a 83
84
distancia, se volvió y le arreó una coz que ha debido de romperle los dientes. Los dos perros se han escapado aullando, y yo iba a bajar del árbol cuando habéis vuelto.
Admiraron mucho mi valor y me acariciaron y aplaudieron.
SANTIAGO.- (Con aire radiante.) Ya veis que Cadichón se ha vuelto bonÃsimo y yo lo quiero más que nunca. ¿Verdad, Cadichón, que seremos siempre buenos amigos?
Yo contesté con un rebuzno alegre; los niños se rieron y volvieron a su almuerzo. Magdalena sirvió su café con leche.
SANTIAGO.- ¡Oh, qué rico está!
LUIS.- Yo quiero más.
ENRIQUETA Y JUANA.- Y yo. Y yo también.