Memorias de un burro
Memorias de un burro AUGUSTO.- ¡Difícil! ¡Qué va! Yo he lanzado la red, diez, veinte veces. Es muy sencillo.
PEDRO.- ¿Y cogiste muchos peces?
AUGUSTO.- No, porque no lancé la red en el agua.
ENRIQUE.- ¿Cómo es eso?
AUGUSTO.- La arrojaba en el hierba, sólo para aprender el manejo.
PEDRO.- ¡No es lo mismo! Estoy cierto de que en el agua lo haría muy mal.
AUGUSTO.- ¿Mal? Ahora verás si la lanzó mal o no. Corro a buscar la red que tenemos secándose al sol en el patio.
PEDRO.- No, Augusto, te lo ruego. Si sucediese cualquier cosa, papá nos reñiría.
AUGUSTO.- Pero ¿qué nos va a suceder? ¿No te digo que en casa siempre pescan con red? Voy en un vuelo.
Y Augusto salió corriendo, dejando a Pedro y a Enrique descontentos e inquietos.
No tardó en volver, arrastrando la red.
- Hela aquí –dijo-. Ahora, ¡cuidadito, peces!
Y lanzó la red con bastante traza; después tiró de ella despacito.
- ¡Tira más de prisa! –dijo Enrique.
- No, no –dijo Augusto-; hay que ir con cuidado para que los peces no rompan las mallas y se escapen.
Pero la red salió vacía; ni un solo pez se había colado dentro.