Memorias de un burro
Memorias de un burro PEDRO.- No, no; quedaos donde estáis; pronto volveremos, porque no creo que haya más peces allà que aquÃ. Además –añadió, bajando la voz-, es culpa vuestra si hoy no pescamos nada; he observado que les echabais demasiado pan; no se lo quiero decir a Enrique, a Augusto, a Camila ni a Magdalena; pero es justo que se os castigue por vuestro aturdimiento.
Santiago no insistió y fue a contar a los demás culpables lo que habÃa dicho Pedro. Se resignaron a quedarse allÃ, esperando que los peces picasen, pero no picó ninguno.
Yo habÃa seguido a Pedro, a Enrique y a Augusto al otro extremo del estanque.
Pero nada. Por más que cambiaban de sitio y sumergÃan sus anzuelos, los peces no aparecÃan.
87
88
AUGUSTO.- OÃd; tengo una gran idea; en vez de aburrirnos esperando que a los peces se les antoje venir, hagamos una pesca en grande; pillemos quince o veinte de un golpe.
PEDRO.- ¿No podemos atrapar ni uno y vamos a atrapar quince o veinte?
¿Cómo?
AUGUSTO.- Con una red.
ENRIQUE.- Eso es muy difÃcil. Papá dice que hay que saber manejarla.