Memorias de un burro
Memorias de un burro PEDRO.- (Llevando las cañas.) Ya están los anzuelos listos; cada uno que sostenga su caña… y a pescar.
Cada cual lanzó la suya al agua y esperaron algunos minutos muy quietecitos.
Ningún pez picaba.
AUGUSTO.- Este sitio no es bueno; vamos más lejos.
ENRIQUE.- Yo creo que no hay peces por aquí, porque veo migas flotando; no se las han comido.
CAMILA.- Id al otro lado del estanque, cerca de la barca.
PEDRO.- Por allí está más hondo.
ISABEL.- ¿Y eso qué importa? ¿O crees que se van a ahogar los peces?
PEDRO.- Los peces, no; pero algunos de nosotros sí, si tuviese la desgracia de caerse.
ENRIQUE.- ¿Y por qué hemos de caer? Sostenemos la caña lo bastante lejos para no correr peligro.
PEDRO.- Es verdad, pero no quiero que vayan los pequeños.
SANTIAGO.- ¡Oh, Pedro, te lo suplico; déjame ir contigo, que nos quedaremos lejos del agua!