Memorias de un burro

Memorias de un burro

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Los vi, por fin, acudir, llevando anzuelos y todos los avíos de pesca.

ENRIQUE.- Creo que habría que agitar el agua para hacer salir los peces.

PEDRO.- Al contrario, no hay que hacer ningún ruido; los peces se van al fondo si se los asusta.

CAMILA.- Yo creo que sería bueno atraerlos echándoles migas de pan.

MAGDALENA.- Sí, pero no muchas, porque si les damos demasiado, se les quita el hambre.

ISABEL.- Dejadme a mi e id preparando los anzuelos, mientras les echamos el pan.

Isabel cogió el pan, y a la primera miga que echó, media docena de peces se precipitaron encima.

Isabel les echó más, Luis, Santiago, Enriqueta y Juana quisieron ayudar, y tantas migas echaron, que los peces, hartos, acabaron por no querer más.

- Temo que les hemos echado demasiado –dijo Isabel, bajito, a Luis y a Santiago.

SANTIAGO.- ¿Y eso qué importa?

ISABEL.-Pues que no querrán morder el anzuelo, porque ya no tienen hambre.

SANTIAGO.- ¡Ay! Los primos y las primas se van a enfadar.

ISABEL.- N o digamos nada. Están entretenidos con sus anzuelos, puede que los peces piquen de todos modos.


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