Memorias de un burro
Memorias de un burro 91
Yo fui y puse la cabeza sobre su hombro. Todo el mundo se echó a reÃr y Santiago continuó:
- ¿Verdad, primitos, que consentÃs en que Cadichón me quiere más a mi?
-SÃ, si –contestaron todos con mucha risa.
SANTIAGO.- Y ya ves, abuelita, que, además fui yo quien traje a Cadichón, de modo que es justo que me quiera más que a nadie.
LA ABUELITA.- (Sonriendo.) Me parece de perlas, querido mÃo; pero cuando no estés aquÃ, ya no podrás cuidarlo.
SANTIAGO.- (Con viveza). Pues yo estaré siempre aquÃ, abuelita.
LA ABUELITA.- No, hijo mÃo, no estarás siempre, puesto que tu papá y tu mamá te llevarán cuando se vayan.
Santiago se quedó triste y pensativo; permanecÃa con el brazo apoyado en mi lomo y la cabeza apoyada en su mano.
De pronto su cara se iluminó y dijo:
- Abuelita, ¿quieres darme a Cadichón?
LA ABUELITA.- Te daré todo lo que tú quieras, querido niño, pero no podrás llevártelo a ParÃs.
SANTIAGO.- No, es verdad; pero será mÃo y cuando papá tenga un castillo, llevaremos allà a Cadichón.