Memorias de un burro
Memorias de un burro He aquí lo que discurrí un día: el de mercado se madrugaba más que de costumbre; se cogían legumbres, se hacía mantequilla, se recogían los huevos. Me acostaba fuera durante el verano, en un gran prado. Veía y oía los preparativos y sabía que a las diez de la mañana tenían que venir a buscarme para engancharme al carrito, lleno de todo lo que querían vender. Había observado en el prado un gran barranco lleno de matorrales y de espinas; pensé que podía esconderme de modo que no me hallasen en el momento de la marcha.
El día de mercado, cuando empezaban las idas y venidas de los de la granja, yo me metí callandito en el barranco y me escondí tan bien, que era imposible dar conmigo.
Hacía ya una hora que estaba allí, achantado bajo los matorrales, cuando oí al chico que me llamaba, corriendo por todos lados. Sabía sin duda por el amo que yo había desaparecido, porque después oí la voz del propio, llamando a su mujer y a los criados para que me buscasen.
- Vamos, corred, muchachos; no puede estar muy lejos; id de prisa y traedlo, que el tiempo pasa y vamos a llegar tarde.
Todos echan a correr por campos y bosques, llamándome. Yo me reía achantado en mi escondite.