Memorias de un burro
Memorias de un burro -Será bien listo si se escapa otra vea –dijo-. He tapado con espinas hasta las más pequeñas aberturas; no puede pasar ni un gato.
La semana pasó tranquilamente y ya ni pensaban en mi aventura.
Pero al llegar el día del mercado, volví a mis mañas y me escondí en aquel barranco que me evitaba tanto cansancio y tanto aburrimiento.
Me buscaron como la otra vez, se asombraron aún más y creyeron que un hábil ladrón me había llevado, haciéndome saltar la empalizada.
El amo se fue suspirando, otra vez con el caballo enganchado a mi carrito.
Como la semana anterior, salí de mi escondrijo cuando me vi solo; pero juzgué más prudente no anunciarme con mis rebuznos.
Cuando me hallaron paciendo tranquilamente en el prado, y cuando el amo supo que yo había vuelto poco después de su marcha, noté que sospechaban de mí; me miraron con aire receloso y noté que me vigilaban más que antes.
Pero me burlaba de ellos pensando:
“Muy listos tenéis que ser, amiguitos, si descubrís mi jugarreta; soy más fino que vosotros y os volveré a engañar siempre.”