Memorias de un burro
Memorias de un burro Rehúse, pues, el pan que me ofrecía el buen Santiago y le lamí la mano.
SANTIAGO.- ¡Chacha! ¡Me besa la mano y no quiere el pan! ¡Querido Cadichón, cuánto te quiero!
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LA CHACHA.- Mejor para ti si te crees que tienes un burro modelo. Pero te prevengo que todos son tercos y malos y yo no los quiero ni pizca.
SANTIAGO.- ¡Oh chacha! Mira qué bueno es Cadichón para mí…
LA CHACHA.- No durará mucho.
Yo le lancé una mirada furiosa, que ella cortó porque dijo:
-¡Qué aire de malo tiene! ¡Me mira como si quisiera devorarme!
-¡Y a mí me mira como si quisiera besarme! –dijo Santiago.
Los dos tenían razón; yo me proponía ser bueno para él, Juana y todas las personas que fueran buenas para mí; y malo para los que me maltratasen o me insultasen, como lo había hecho la niñera. Este mal pensamiento de venganza fue mi perdición.
Andando, andando, llegamos al castillo de la abuelita de Santiago y de Juana.