Memorias de un burro
Memorias de un burro Santiago, encantado, corrió a buscar a Bouland, que llegó en seguida.
LA ABUELITA.- Bouland, lleve ese asno a la cuadra y déle de comer y de beber. Es el famoso Cadichón; lo echaron al morir su amita; los niños lo han encontrado abandonado en el campo y lo han recogido. Así que lo guardaremos.
BOULAND.- Y muy bien que hará la señora en guardarlo. Me han contado de él cosas asombrosas: dicen que entiende todo lo que se habla. Va a ver la señora… Ven, Cadichón, ven a comer un pienso de avena.
Yo me volví al punto y seguí a Bouland, que se iba.
-Es asombroso –dijo la abuela-; se ve que lo ha entendido.
Los niños quisieron acompañarme a la cuadra; tenía allí por compañeros dos caballos y otro asno.
Me dieron una enorme medida de avena y pusieron cerca de mí un gran cubo lleno de agua.
Tenía sed y empecé por beberme la mitad del cubo; después me zampe la avena, regocijándome de haber sido conducido allí por el buen Santiaguito.
Hice aún algunas reflexiones sobre la ingratitud de la tía Tranchet; comí un montón de heno, me tendí sobre mi cama de paja, donde me encontré acostado como un rey, y me dormí.