Memorias de un burro
Memorias de un burro -Montemos a los más pequeños en Cadichón, y los mayorcitos que sigan a pie con nosotros –dijo la mamá de Santiago.
-A ver, Cadichón, a ver cuántos vas a poder llevar –dijo la mamá de Enriqueta.
Pusieron a Juana, que era la más pequeña, delante; después, a Enriqueta, después a Santiago y después a Luis. Ninguno pesaba mucho; yo les hice ver, pillando el trote, que llevaba a los cuatro sin fatigas.
Después seguí al paso, para que pudieran ir conmigo todos, chicos y grandes.
-Mamá- dijo Enrique, que encontraba el camino pesado, ¿por qué papá no ha buscado nuestros burros?
LA MAMÁ.- Porque tu papá cree que los han robado.
ENRIQUE.- ¿Y por quién? Yo no he visto a nadie.
LA MAMÁ.- No, pero había huellas de pasos cerca del arco. Démonos prisa a volver a casa; los tíos y los papás irán al pueblo a dar parte.
PEDRO.- ¿Para qué?
LA MAMÁ.- Para prevenir a los gendarmes, a ver si recuperan los burros.
CAMILA.- Siento que hayamos visitado esas ruinas.
MAGDALENA.- ¿Por qué? ¡Es muy hermoso!
CAMILA.- Pero peligroso. ¡Si en vez de coger los burros los bandidos nos hubieran agarrado…!
ISABEL.- ¡Imposible! Somos muchos.
CAMILA.- ¿Pero si los ladrones son más?