Memorias de un burro
Memorias de un burro Mis amitas (pues eran mis amos y mis amas todos los nietos de la señora) tenían una prima, a quien querían mucho, poco más o menos de su edad. Se llamaba Teresa y era buenísima.
En uno de los paseos que di con todas las niñas, vimos una chiquilla sentada a un lado de la carretera, que se levantó penosamente al vernos y vino cojeando a pedir limosna. Su aire triste y tímido llamó la atención a Teresa y a sus primas.
TERESA.- ¿Por qué cojeas, pequeña? –le preguntó con mucho interés.
LA CHICA.-Porque me hieren mis zuecos, señorita.
TERESA.- ¿Por qué no dices a tu mamá que te compre otros?
LA CHICA.-Porque no tengo mamá.
TERESA.--¿Y tu papá?
LA CHICA.-No tengo papá.
TERESA.- ¿Pero con quien vives?
LA CHICA.-Con nadie. Vivo completamente sola.
TERESA.- ¿Cuántos años tienes?
LA CHICA.-Yo no sé; quizá siete…
TERESA.- ¿Y dónde duermes?
LA CHICA.- Donde me reciben. Cuando todos me rechazan, duermo debajo de un árbol o donde puedo.
TERESA.-Pero ¡en invierno debes de helarte!
LA CHICA.- Paso frío; pero estoy acostumbrada.
TERESA.- ¿Has comido hoy?