Memorias de un burro
Memorias de un burro LA CHICA.- Desde ayer, no.
TERESA.- ¡Eso es horrible!... ¿Verdad que la abuelita querrá que demos de comer a esta pobrecita y dejarla dormir en casa?
MAGDALENA.- Pero… ¿cómo hacerla llegar hasta casa? Mira cómo cojea.
TERESA.- Pues que se monte en Cadichón.
Las tres primas exclamaron:
-¡Es verdad! ¡Qué buena idea!
Y colocaron a la niña sobre mi lomo.
Camila tenía aún en el bolsillo un pedazo de pan que le sobró de la merienda y se lo dio a la pequeña, que lo comió con avidez.
Al llegar al castillo, Camila e Isabel hicieron entrar a la mendiga en la cocina, en tanto que Magdalena y Teresa corrían al cuarto de su abuela.
MAGDALENA.- Abuelita, ¿nos das permiso para dar de comer a una pobrecita que hemos encontrado en la carretera?
LA ABUELITA.- Si, querida mía; pero ¿quién es?
MAGDALENA.-No sé, abuelita.
LA ABUELITA.- ¿Dónde vive?
MAGDALENA.- En ninguna parte.
LA ABUELITA.- ¿Cómo es eso? Sus padres vivirán en algún sitio.
MAGDALENA.- No tiene padres, abuelita. Está sola.
LA ABUELITA.- Es preciso que yo la vea y le hable.