Memorias de un burro

Memorias de un burro

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Comprendí por el camino que iban a comprar ropitas para la pobrecita. Teresa quería pagarlo todo; las otras querían pagar a escote y discutían con tanto ardor, que si yo no me detengo a la puerta de la tienda, la hubieran pasado.

Casi tiraron a la pobrecita al suelo, por querer apearla todas a un tiempo; una le tiraba de las piernas; otra, de los brazos, e Isabel, que era la más fuerte las empujaba a todas para apear sola a la pequeña, que empezaba a asustarse, cuando la dueña de la tienda abrió la puerta.

-Buenos días, señoritas; permítanme que las ayude; no tienen bastante fuerza para apear a esta chica.

Mis amitas, contentas de no tener que ceder entre sí, soltaron a la pequeña, y la de la tienda la puso en el suelo.

MAGDALENA.-Venimos a comprar ropa para vestir a esta niña, señora Juivet.

SEÑORA JUIVET.- Muy bien, señoritas. ¿Qué hace falta?

CAMILA.- De todo, señora Juivet; hay que equiparla de pies a cabeza.

TERESA.- (Bajito.) Camila, déjame detallar, ya que soy yo quien paga.

CAMILA.- (Bajito.) No queremos que lo pagues todo; nosotras vamos a la parte.


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