Cuestiones naturales
Cuestiones naturales ¿Cómo crees que fue el tocado cuando se contemplaban en tales espejos? En aquella edad de sencillez, contentos con lo que les ofrecía el acaso, no empleaban todavía los hombres los beneficios de la naturaleza en provecho del vicio. La casualidad les mostró primeramente la reproducción de su semblante; en seguida, como el amor propio, innato en todos, les hizo agradable este espectáculo, volvieron frecuentemente al objeto en que se vieran por primera vez. Cuando una generación más corrompida penetró en las entrañas de la tierra para sacar lo que debería sepultarse en ella, el hierro fue el primer metal que se utilizó; e impunemente lo hubiesen extraído los hombres si le hubiesen extraído solo. Todos los otros males de la tierra le siguieron: el pulimento de los metales ofreció al hombre su imagen, encontrándola éste en un vaso y aquél en el bronce preparado para otro uso; y poco después se construyeron espejos redondos, no de bruñida plata, sino de frágil y despreciable materia. Entonces también, durante la ruda existencia de los pueblos antiguos, creíase haber hecho bastante por la limpieza cuando se habían lavado en la corriente de los ríos las manchas ocasionadas en el trabajo; cuando se habían arreglado la cabellera y peinado la luenga barba; haciendo todo esto uno mismo, o prestándose recíprocamente dos estos servicios. La mano de la esposa desenredaba aquella espesa cabellera que acostumbraban a dejar flotante y que aquellos hombres, bastante bellos a sus ojos sin los auxilios del arte, agitaban como los animales nobles sacuden sus melenas. Más adelante, habiéndolo invadido todo el lujo, hiciéronse espejos de toda la altura del cuerpo, cincelados en oro y plata, y hasta adornándolos con pedrería, y alguna mujer compró un espejo de éstos en precio que excedía al dote que antiguamente daba el tesoro público a las hijas de los generales pobres. ¿Tendrían espejos de oro las hijas de Scipión, cuyo dote fue una moneda de bronce? ¡Afortunada pobreza que les valió tal distinción! Si su padre las hubiese dotado, no lo recibieran del Senado; y fuese quien quisiese aquel a quien el Senado sirviera de suegro, debió comprender que tales dotes no son de los que se devuelven. Hoy no bastaría para el espejo de hijas de liberto el dote que el pueblo romano dio a Scipión. El lujo ha llevado más lejos sus exigencias, excitado por el aumento de las riquezas; todos los vicios han tenido inmenso desarrollo, y de tal manera se han confundido todas las cosas por criminal refinamiento, que lo que se llamaba el mundo de la mujer, ha pasado al equipo del hombre; y digo muy poco, porque ha pasado también al del soldado. El espejo, que en su origen se empleaba solamente en el ornato, ha venido a ser necesario a todos los vicios.