De la brevedad de la vida
De la brevedad de la vida 6 Livio Druso,[18] hombre impetuoso y violento, después de que había promovido nuevas leyes y el desastre de los Gracos, apoyado por un enorme gentío de Italia entera, al no ver claramente salida para una situación que ni le era posible dominar ni ya era libre de abandonar una vez puesta en marcha, maldiciendo de su vida inquieta desde el comienzo, se dice que dijo que sólo a él no le habían correspondido nunca, ni siquiera de niño, unas vacaciones. Pues se atrevió, aún bajo tutela y vestido con la pretexta,[19] a recomendar reos a los jueces y a interponer su influencia en el foro, con tanta eficacia, de hecho, que 2consta que algunos juicios fueron escamoteados por él. ¿Adónde no iba a lanzarse una ambición tan prematura? Podías advertir que un atrevimiento tan precoz vendría a parar en un enorme desastre tanto particular como público. Así pues, tarde se quejaba de que no le hubieran correspondido vacaciones, levantisco como fue desde niño y oneroso para el foro. Se discute si él mismo atentó contra su propia vida; pues se desplomó de repente al recibir una herida en la ingle, pudiendo alguien dudar de que su muerte fuera voluntaria, nadie de 3que fuera oportuna.[20] Está de más recordar a los muchos que, aun cuando a los demás les parecían los más dichosos, dieron un auténtico testimonio contra sí mismos, abominando de toda la actividad de sus años; pero con esta quejas ni cambiaron a los demás ni a sí mismos; en efecto, una vez que han estallado en palabras, los sentimientos recaen en sus costumbres.