De la brevedad de la vida
De la brevedad de la vida Es prolijo repasar uno por uno aquellos cuya vida han consumido 13los bandidos[38] o la pelota o el cuidado de cocer su cuerpo al sol. No son ociosos aquellos cuyos placeres tienen mucho de negocio. En efecto, nadie dudará de que no hacen algo laboriosamente los que se entretienen en el estudio de erudiciones inservibles, de los que ya hay 2entre los romanos una tremenda tropa.[39] Fue propia de los griegos esa obsesión por indagar qué cantidad de remeros había tenido Ulises, si había sido escrita antes la Ilíada o la Odisea, además de si eran de un mismo autor, y una serie de otros detalles de esta clase,[40] que, si te los reservas, en nada ayudan a tu conocimiento callado, si los publicas, no 3pareces más sabio, sino más pesado. He aquí que también a los romanos los ha invadido la vana afición por aprender cosas innecesarias. Hace pocos días oí a uno que contaba qué había sido el primero en hacer cada uno de los generales romanos: Duilio fue el primero que venció en un combate naval,[41] Curio Dentato fue el primero que llevó elefantes en un triunfo.[42] Y aún esas anécdotas, pese a que no apuntan a la auténtica gloria, versan cuando menos sobre ejemplos de actuaciones cívicas; no va a ser útil una tal ciencia, pero es capaz de entretenernos 4con la atrayente banalidad de los pormenores. Dejemos también en manos de los curiosos la cuestión de quién fue el primero que convenció a los romanos de que subieran a un barco (ése fue Claudio, por eso mismo apodado Cáudex,[43] porque un ensamblaje de muchas tablas entre los antiguos se llamaba caudex, de donde se denominan codices las tablas públicas, y aún hoy en día, conforme a una antigua tradición, los barcos que transportan provisiones por el Tíber se llaman 5codicariae); que venga también en buena hora al caso el hecho de que Valerio Corvino fue el primero que conquistó Mesina y el primero de la familia de los Valerios que fue apodado Mesana, al adoptar el nombre de la ciudad conquistada, y, como la gente fue cambiando paulatinamente las letras, le dijeron Mesala:[44] ¿no vas a permitir también 6a alguien atender al hecho de que Lucio Sila fue el primero que ofreció en el circo leones sueltos, cuando hasta entonces se ofrecían atados, una vez que el rey Boco había enviado unos arqueros para abatirlos?[45] Dejémosle en buena hora también esto: ¿no tiene algún interés positivo también que Pompeyo fuera el primero que presentó en el circo la pelea de dieciocho elefantes, enfrentándoles, como en batalla, unos hombres inocentes?[46] El personaje principal de la ciudad, y entre los personajes antiguos, según cuenta la fama, de una bondad extraordinaria, consideró un glorioso género de espectáculo aniquilar a unos hombres con métodos nuevos. ¿Combaten a muerte? Es insuficiente. ¿Se hieren? Es insuficiente: que se dejen triturar por la enorme mole de unos animales. Era preferible que hechos así cayeran 7en el olvido, para que nadie poderoso los aprendiera luego y tuviera envidia de una actuación bien poco humana. ¡Ay, cuánta niebla arroja sobre nuestras mentes una gran prosperidad! Él creyó entonces estar por encima de la naturaleza, cuando arrojaba tantos montones de hombres infelices a unas bestias nacidas bajo otro cielo, cuando provocaba una guerra entre unos animales tan desiguales, cuando derramaba abundante sangre a la vista del pueblo romano él, que pronto iba a hacerle derramar más. Pero ese mismo, engañado luego por la deslealtad alejandrina, se ofreció para ser traspasado por el último de los sirvientes, con lo que al fin comprendió la absurda arrogancia de su apodo.[47]