De la brevedad de la vida

De la brevedad de la vida

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Son hombres ociosos sólo quienes están libres para la sabiduría, sólo 14ellos están vivos; pues no conservan tan sólo su vida: cualquier tiempo lo añaden al suyo; todos los años que se han desarrollado antes que ellos, están adquiridos para ellos. Si no somos de lo más desagradecido, reconoceremos que los esclarecidos fundadores de venerables doctrinas nacieron para nosotros, organizaron su vida para nosotros. Gracias al trabajo de otros nos vemos conducidos a los hechos más hermosos sacados de las tinieblas a la luz; ninguna época nos está vedada, en todas somos admitidos, y si por nuestra grandeza de espíritu nos complace rebasar las estrecheces de las insuficiencias humanas, tenemos mucho tiempo por donde extendernos. Nos es posible debatir con Sócrates, 2dudar con Carnéades, con Epicuro sosegarnos, vencer con los estoicos la naturaleza del hombre, sobrepasarla con los cínicos.[53] Ya que la naturaleza nos permite extendernos para participar en cualquier época, ¿cómo no entregarnos de todo corazón, saliendo de este tránsito temporal exiguo y caduco, a las cosas que son ilimitadas, eternas, comunes con los mejores? Esos que corretean de un cumplido a otro, que se incordian 3a sí mismos y a los demás, cuando ya se han vuelto bien locos, cuando han recorrido cada día los umbrales de todo el mundo y no han pasado por alto ninguna puerta abierta, cuando han hecho circular por las casas más diversas sus saludos interesados,[54] ¿qué proporción de personas en una ciudad tan inmensa y dividida por múltiples pasiones podrán visitar? ¡Cuántos serán aquellos cuyo sueño o molicie o descortesía 4les niegue el paso! ¡Cuántos los que, después de hacerles sufrir largo rato, les darán de lado con una urgencia fingida! ¡Cuántos evitarán salir por el atrio atestado de clientes y escaparán por pasadizos de la casa secretos, como si engañar no fuera más descortés que rechazar! ¡Cuántos, medio dormidos y abotargados por la borrachera de la noche pasada, mientras aquellos infelices interrumpen su propio sueño para velar el ajeno, repetirán con un bostezo descarado el nombre que 5les han susurrado mil veces entreabriendo apenas los labios! Piensa que se ocupan en unas auténticas obligaciones quienes cada día quieren ser más íntimos de Zenón, de Pitágoras y de Demócrito y los demás maestros de los buenos conocimientos, de Aristóteles y Teofrasto. Ninguno de éstos dejará de estar libre, ninguno a quien a él acuda dejará de despedirlo más feliz, más satisfecho de sí mismo, ninguno consentirá que nadie se vaya de su lado con las manos vacías; de noche, durante el día, pueden ser visitados por todos los mortales.


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