Tratados morales
Tratados morales Ninguno, sino el envidioso, gemirá por ellas; y por más que las exageres de que no son grandes, has de confesar que son buenas: pues habiendo en ellas muchas cosas que todos desearan fueran suyas, no se hallará alguna de que se pueda decir que lo es. El sabio no apartará de sà la benignidad de la fortuna, y no se desvanecerá ni se avergonzará con el patrimonio adquirido por medios lÃcitos, antes tendrá de que gloriarse, si haciendo patente su casa, y dando lugar a que en ella entre toda la ciudad, pudiese pregonar que cada uno lleve lo que conociere ser suyo. ¡Oh varón grande, justamente rico, si conformaren las obras con el pregón, y si después de haberlo pregonado le quedaren todos los bienes que antes tenÃa! Quiero decir, si con toda seguridad, habiendo admitido al pueblo al escrutinio de sus riquezas, no tuviere quien halle en su casa cosa de qué poder echar mano. Este tal con osadÃa y publicidad podrá ser rico; como el sabio no ha de permitir entre por los umbrales de su casa un maravedà adquirido por malos medios, asà tampoco repudiará ni desechará las grandes riquezas que fueren dádiva de la fortuna y fruto de la virtud. ¿Qué razón hay para que él mismo envidie el verlas colocadas en buen lugar? Vengan, pues, y sean admitidas, que ni hará jactancia de ellas, ni las esconderá, que lo primero es de ánimo ignorante y lo otro de tÃmido y corto, como el del que tiene encerrado en el seno un gran tesoro: no conviene, pues, echarlos de su casa. Porque para hacerlo, ¿qué les ha de decir? ¿Diráles por ventura: «Idos porque sois inútiles, o porque me falta capacidad para usar de vosotras»? Sucederále lo que al que teniendo fuerzas para hacer su viaje a pie, holgarÃa más de hacerle en un coche. Asà el sabio, si pudiere ser rico, holgará de serlo, pero tendrá las riquezas como bienes ligeros y que con facilidad se vuelan, y no consentirá que para sà ni para otros sean pesadas. ¿Qué dará? ¿Alargasteis las orejas para oÃrlo, y desembarazasteis el seno para recibirlo? Dará, pero será a los buenos o a los que pudiere hacer buenos. Dará con sumo acuerdo, y para dar elegirá los más dignos, como aquel que sabe ha de dar cuenta de lo recibido y de lo gastado. Dará por causas justificadas, conociendo que las dádivas mal colocadas se cuentan entre las torpes pérdidas. Tendrá la bolsa fácil, pero no rota: de la cual saldrá mucho, sin que se caiga nada.