Tratados morales
Tratados morales Junta luego a esta grande altura una precipitada mudanza, diciendo: «Que he de ser puesto en ajeno ataúd, habiéndome de despojar de la pompa de soberbio y fiero vencedor; que no por eso iré más desconsolado, asido al ajeno coche, de lo que estuve en el mÃo; pero tras todo eso deseo más vencer que ser cautivo. Yo despreciaré todo el reino de la fortuna; pero si me dieren a escoger, elegiré lo mejor de él. Todo lo que en mi poder entrare, se convertirá en bueno. Pero con todo eso, quiero venga lo más suave y más deleitable, y lo que ha de dar menor vejación al que lo hubiere de pasar.» No juzgues que hay alguna virtud sin trabajo, si bien hay algunas que necesitan de espuelas, y otras de frenos: al modo que el cuerpo cuando baja algunas cuestas se ha de ir deteniendo, y cuando las sube se ha de impeler; asà hay unas virtudes que bajan las cuestas, y otras que las suben. ¿Podráse dudar que suben, forcejean y luchan la paciencia, la fortaleza la perseverancia, y cualquiera otra virtud de las que se opinen a las cosas ásperas y huellan a la fortuna? Y por ventura, ¿no es igualmente manifiesto que caminan cuesta abajo la liberalidad, la templanza y la mansedumbre? En éstas detenemos el ánimo para que no caiga; en las otras le exhortamos e incitamos. Arrimaremos, pues, a la pobreza las virtudes más valientes, y las que acometidas son más fuertes; y a la riqueza, las más diligentes, y las que poniendo el paso deteniendo, sustentan su peso.