Azabache

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Las primeras en marcharse fueron las señoritas Jessie y Flora, con su gobernanta. Antes de partir, fueron a despedirse de nosotros, y abrazaron al pobre Patas Alegres como a un viejo amigo, como en verdad lo era. Luego nos enteramos de lo dispuesto para nosotros. El amo nos había vendido a Bravía y a mí a su antiguo amigo, el conde de W… pues consideraba que allí tendríamos un buen hogar. En cuanto a Patas Alegres, se lo había regalado al Vicario, que deseaba un pony para la señora Blomefield, aunque a condición de que nunca lo vendieran y que, cuando ya no pudiera trabajar, se lo matara y enterrara.

Como Joe fue empleado para cuidar de él y ayudar en la casa, pensé que Patas Alegres quedaría bien instalado. A John se le ofrecieron varios buenos puestos, pero dijo que esperaría un poco antes de decidirse.

La noche antes de la partida, el amo fue al establo para dar algunas instrucciones y acariciar por última vez a sus caballos. Parecía muy abatido; su voz lo delataba. Pienso que los caballos comprendemos más por el tono de voz, que muchos hombres.

—¿Ya decidiste qué harás, John? —quiso saber—. Sé que no aceptaste ninguna de esas ofertas…


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