Azabache
Azabache —¡Oh, y él era tan bueno!… Tan bueno… Fue ese maldito alcohol; ¿por qué lo venderán? ¡Oh, Reuben, Reuben!
Asà continuó hasta que lo enterraron. Luego, como no tenÃa hogar ni parientes, se vio de nuevo obligada a abandonar, junto con sus seis hijitos, aquella placentera casa entre los robles, para dirigirse al lúgubre asilo.