Azabache
Azabache Mediante la recomendación de York, me adquirió el dueño de las caballerizas para coches de alquiler. Tuve que ir en tren, lo cual fue para mà una nueva experiencia, que al principio me exigió mucho coraje; pero no tardé en tranquilizarme, al ver que esos bufidos, embestidas, silbidos y, sobre todo, las sacudidas del vagón en que me encontraba, no me hacÃan daño alguno.
Llegado al final de mi viaje, me encontré en un establo bastante cómodo, y bien atendido. Esos establos no eran tan aireados ni agradables como los que ya conocÃa.
De todos modos, me alimentaban y limpiaban bien, de modo que, en suma, creo que nuestro amo nos cuidaba lo mejor que podÃa. Guardaba muchos caballos y vehÃculos de diferentes clases, para alquilarlos. Unas veces los conducÃan sus propios hombres; otras, se alquilaban el caballo y la calesa a caballeros o damas que guiaban por su cuenta.