Azabache
Azabache Era algo muy desagradable para cualquier caballo que fuera en yunta con ella, y que me puso muy nervioso. Llegados a casa, le pregunté por qué andaba de esa manera tan rara e incómoda.
—¡Ah, ya sé que mi andar es muy malo! —replicó, muy turbada— pero ¿qué puedo hacer para evitarlo? En realidad no es culpa mÃa, se debe únicamente a que mis patas son tan cortas. Aunque soy casi tan alta como tú, tus patas tienen siete centÃmetros más que las mÃas por sobre las rodillas, lo cual te permite dar pasos mucho más largos e ir más rápido. No me hice sola, ¿comprendes? ¡Ojalá hubiera podido hacerlo, entonces habrÃa tenido patas largas, pues todos mis pesares provienen de mis patas cortas! —agregó, abatida.
—¿Cómo se explica eso, teniendo tan buen carácter como tienes? —le pregunté.