Azabache

Azabache

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Bueno, es que los hombres siempre quieren ir rápido, y si una no puede seguir el paso a otros caballos, recibe latigazo tras latigazo. Por eso tuve que adaptarme como pude, y así adquirí este andar tan feo y arrastrado. No siempre fue así; cuando vivía con mi primer amo, siempre seguía un trote regular, pero es que él no se daba tanta prisa. Era un joven clérigo rural, y un buen amo, muy bondadoso. Atendía dos iglesias, bastante alejadas, y que le daban mucho trabajo; sin embargo, nunca me regañó ni azotó por no andar rápido. Me tenía mucho afecto. Ojalá estuviera todavía con él, pero tuvo que irse a una ciudad más grande, y entonces me vendieron a un granjero. Tú sabes que algunos granjeros son amos de lo mejor, pero éste me parece que era un hombre de baja estofa. No le importaba nada de un buen caballo ni de conducir bien; solamente ir rápido. Yo iba lo más deprisa que podía, pero no le bastaba y me azotaba sin cesar. Así fue como adopté esta manera de dar un salto adelante para mantener la velocidad… En las noches de mercado solía quedarse en la taberna hasta muy tarde; después me conducía, a casa al galope. Una noche oscura, en que galopábamos de vuelta como de costumbre, la rueda chocó de pronto con no sé qué cosa grande y pesada en el camino, y el coche se volcó. Él rodó por el suelo y se le quebró un brazo, así como algunas costillas, según creo. Como quiera que sea, así terminó mi vida con él, y no lo lamenté. Pero ya ves que en todas partes me pasará lo mismo, si los hombres insisten en ir tan rápido. ¡Ojalá tuviera patas más largas!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker