Azabache

Azabache

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Cuando llegó el albañil, retiró muchos ladrillos sin encontrar nada fuera de lugar, de modo que puso un poco de cal y cobró cinco chelines al amo, pero el olor de mi pesebre siguió peor que nunca. Eso no fue todo. Como tenía que pararme sobre un montón de paja húmeda, se resintieron mis patas, al punto que el amo solía decir:

—No sé qué le pasa a este caballo; se ha vuelto muy vacilante… A veces temo que tropiece.

—Sí, señor —confirmaba Alfred— yo también lo noté mientras lo ejercitaba.

Ahora bien; la verdad era que pocas veces me ejercitaba, y que cuando el amo estaba ocupado, solía yo pasar días enteros sin estirar para nada las patas, pese a lo cual se me alimentaba tanto como si trabajara duro. Esto trastornaba a menudo mi salud, dejándome a veces pesado y embotado, pero con mayor frecuencia inquieto y febril.

Un día tenía las patas tan sensibles que, mientras trotaba sobre piedras recién colocadas, llevando a lomos al amo, sufrí dos tropezones tan graves que al llegar a la ciudad, el amo se detuvo a preguntar al veterinario qué me pasaba. Éste me levantó las patas una, por una, para examinarlas, tras lo cual se irguió y, mientras se frotaba las manos anunció:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker