Azabache
Azabache Aquel sujeto, que evidentemente había estado bebiendo, barbotó algunos insultos, pero cesó de aporrear a los caballos y, tomando las riendas, subió a su carreta. Nuestro amigo, entre tanto, había sacado del bolsillo una libreta, en la cual, anotó algo, después de fijarse en el nombre y dirección pintados en la carreta.
—¿Para qué es eso? —gruñó el carretero, mientras se alejaba haciendo chasquear su látigo.
No recibió otra respuesta que un movimiento de cabeza y una severa sonrisa. De regreso al coche, nuestro amigo se reunió con su acompañante, que comentó, riendo:
—Wright, yo creía que tenía bastantes problemas propios sin necesidad de molestarse por los caballos y sirvientes ajenos.
Nuestro amigo permaneció en silencio un momento, al cabo del cual irguió un poco la cabeza y preguntó:
—¿Sabe por qué anda tan mal el mundo?
—No…
—Pues se lo diré… Es porque la gente piensa únicamente en sus propios asuntos y no se molesta en defender a los oprimidos ni en descubrir a los malhechores. Nunca dejo pasar una perversidad como ésta sin intervenir como puedo, y muchos patrones me han agradecido por comunicarles cómo se trata a sus caballos.