Azabache
Azabache Llegó el dÃa de la separación. Jerry no estaba aún autorizado a salir, de modo que nunca volvà a verlo después de aquella vÃspera de Año Nuevo. Polly y sus hijos fueron a despedirse de mÃ.
—¡Pobre viejo Jack, querido viejo Jack! —exclamó ella—. Ojalá pudiéramos llevarte con nosotros.
Y, apoyando la mano en mi crin, acercó la cara a mi pescuezo y me besó. Dolly, que lloraba, me besó también. Harry me acarició mucho, mas no pronunció palabra, aunque parecÃa muy triste. Asà me condujeron a mi nueva casa.
Fui vendido a un cerealista y panadero a quien Jerry conocÃa, y junto a quien pensaba que yo serÃa bien alimentado sin trabajar en exceso. En lo primero acerté, y si mi amo hubiera estado siempre presente, creo me habrÃan recargado, pero habÃa un capataz que se lo pasaba aguijoneando y apurando a todos, y que frecuentemente, cuando yo ya tenÃa mi carga completa, ordenaba que agregaran algo más. Mi carretero, llamado Jakes, solÃa objetar que la carga era excesiva, pero el otro siempre lo negaba, diciendo:
—No hay por qué salir dos veces cuando con una basta, y yo prefiero adelantar la tarea.