Azabache

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Comer bien y descansar lo debido conservan su fuerza a un caballo aunque trabaje mucho, pero ninguno puede soportar las cargas excesivas. Tanto decaía yo por ese motivo, que compraron en mi lugar un caballo más joven. Puedo mencionar aquí que en esta época sufrí también por otro motivo. Aunque había oído hablar de ello a otros caballos, jamás había experimentado por mí mismo los males de un establo mal iluminado. El nuestro tenía una sola ventana, muy pequeña, en el fondo, como consecuencia de lo cual las casillas estaban casi a oscuras.

Esto, además de deprimirme, debilitaba sobremanera mi vista, y cuando me sacaban bruscamente de la penumbra al resplandor de la luz diurna, mis ojos se resentían. Varias veces tropecé en el umbral, pues apenas podía ver por dónde iba.

Creo que, de haber permanecido allí mucho tiempo, me habría vuelto cegato, lo cual habría sido una gran desgracia, pues he oído decir a varios hombres que un caballo completamente ciego es más seguro de conducir que otro de visión imperfecta, ya que la miopía los vuelve muy timoratos. De todos modos, yo me libré sin perjuicio permanente para mi vista, y fui vendido a un gran propietario de coches de alquiler.


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