Azabache
Azabache —¿Te gusta Ebano? —sugirió ella—. Es negro como el Ebano.
—No; Ebano no…
—¿O Mirlo, como al caballo que tenÃa tu tÃo?
—No, ya que es mucho más bello que él.
—SÃ, en verdad que es toda una belleza, con esa cara tan expresiva y esos ojos tan serenos e inteligentes… ¿qué te parece si lo llamamos Azabache?
—Azabache… pues, sÃ, creo que es un excelente nombre. Si te gusta, asà será.
Y asà fue como recibà mi nombre.
Cuando fue al establo, John dijo a James que su amo y su ama habÃan elegido para mà un nombre inglés bien sensato, que significaba algo; no como Marengo, Pegaso o Abdullah. Los dos rieron, y James agregó:
—Si no fuera por no recordar el pasado, lo habrÃa llamado Rob Roy, ya que nunca vi dos caballos más parecidos.
—No es de extrañar —comentó John—. ¿No sabes acaso que la vieja Duquesa, del granjero Grey, era la madre de ambos?
Era la primera vez que oÃa tal cosa. ¡De modo que el pobre Rob Roy, que perdió la vida en la cacerÃa, era mi hermano! No me extrañó que mi madre se mostrara tan apenada. Parece que los caballos no tienen parientes; por lo menos, nunca se conocen después de ser vendidos.