Azabache
Azabache PATAS ALEGRES
El señor Blomefield, el vicario, tenÃa muchos hijos e hijas, que a veces iban a jugar con las señoritas Jessie y Flora. Una de las muchachas tenÃa la edad de la señorita Jessie; dos de los muchachos eran mayores, y habÃa varios pequeños. Cuando ellos estaban de visita, habÃa tarea de sobra para Patas Alegres, pues nada les complacÃa más que montarlo por turno, y pasearse con él por todo el huerto y el cercado durante horas. Una tarde en que se ausentó con ellos largo rato, cuando James lo llevó de vuelta y le puso el cabestro, le dijo:
—Bueno, pillo, a ver si te portas bien, o nos veremos en aprietos.
Yo le pregunté:
—¿Qué hiciste, Patas Alegres?
—¡Oh! —exclamó él, meneando la cabecita— di una lección a esos jovencitos, nada más. No supieron ver cuándo era suficiente para ellos ni para mÃ, de modo que los arrojé de espaldas; de otra manera no entendÃan.
—¡Cómo! —me extrañé—. ¿Volteaste a las niñas? ¡Nunca te creà capaz de tal cosa! ¿Fue a la señorita Jessie o a la señorita Flora?
Muy ofendido al parecer, me contestó: