Azabache
Azabache Un dÃa en que John y yo habÃamos salido por encargo del amo, cuando volvÃamos sin prisa por un largo camino recto, vimos desde cierta distancia un muchacho que intentaba hacer saltar un pony por encima de un cercado. El pony no querÃa saltar, y cuando el muchacho lo azotaba con el látigo, se limitaba a volverse de costado. VolvÃa el jinete a castigarlo, y el caballo se volvÃa del otro lado. Por fin el muchacho desmontó y lo vapuleó con fuerza, golpeándole la cabeza; luego volvió a montar e insistió en sus intentos de hacerlo saltar el cercado, sin dejar de talonearlo vergonzosamente. Pero el pony seguÃa negándose.
Llegábamos casi junto a ellos, cuando el pony bajó la cabeza, levantó las patas traseras y envió al muchacho limpiamente de cabeza en un denso seto espinoso. Hecho esto partió al galope con la rienda colgada de la cabeza.
—Merecido lo tiene —exclamó John, riendo.
—¡Ay, ay! —se lamentaba el jovencito, mientras forcejeaba entre las espinas— oiga, venga a ayudarme…