Antonio y Cleopatra
Antonio y Cleopatra da más hambre. A lo más vil le presta
tal encanto que hasta los sacerdotes,
cuando está ardiente, la bendicen.
MECENAS
Si belleza, prudencia y recato
pueden moderarle el brÃo a Antonio,
Octavia es un don bendito.
AGRIPA
¡Vamos! — Buen Enobarbo,
mientras estés aquà serás mi huésped.
ENOBARBO
Con humildad lo agradezco.
Salen.
Entran ANTONIO, CÉSAR y, entre ellos, OCTAVIA.
ANTONIO
El mundo y mis altos cometidos
me alejarán a veces de tu pecho.
OCTAVIA
Cuando suceda, elevaré mis plegarias
a los dioses para que te protejan.
ANTONIO
Buenas noches, César.— Octavia, no leas
mis faltas en los dichos de las gentes.
No me he atenido a la regla, mas desde hoy
por ella he de guiarme. Buenas noches, mi señora.
[OCTAVIA]
