Antonio y Cleopatra
Antonio y Cleopatra (¡la lepra se la lleve!), en medio del combate,
cuando nuestras suertes parecían gemelas,
ambas iguales o la nuestra aún mayor,
le pica el tábano como a vaca en junio,
iza velas y huye.
ENOBARBO
Eso ya lo he visto. La escena
repugnó a mis ojos y no pude
continuar mirando.
ESCARO
En cuanto ella orzó,
Antonio, noble ruina de su magia,
bate las alas veleras y, cual pato encelado,
vuela tras ella en el ardor del combate.
Nunca he visto acción tan deshonrosa.
Experiencia, hombría, honor, jamás
se infamaron de ese modo.
ENOBARBO
¡Qué dolor, qué dolor!
Entra CANIDIO.
CANIDIO
Nuestra suerte en el mar está agotada
y se hunde tristemente. Si nuestro general
hubiera estado a su altura, todo habría ido bien.
¡Ah, su huida es un ejemplo flagrante
para la nuestra!
ENOBARBO