Antonio y Cleopatra
Antonio y Cleopatra y expresarlo gentilmente sería
como tener la soga al cuello y dar las gracias
al verdugo por ir rápido.
Entra un CRIADO con TIDIAS.
¿Le han azotado?
CRIADO
Sí, mi señor, y bien.
ANTONIO
¿Gritó, pidió perdón?
CRIADO
Rogó piedad.
ANTONIO
Si tu padre vive aún, que se apene
de que no hayas sido hija, y tú deplora
haber seguido a César en su triunfo,
pues te azotan por seguirle. Desde hoy
la mano blanca de una dama te dé fiebre;
tiembla con mirarla. Vuelve con César,
cuéntale el recibimiento y dile claro
que me irrita su conducta, pues parece
soberbio y desdeñoso, repitiendo lo que soy,
no lo que él sabe que fui. Me enfurece,
lo que ahora es más fácil de lograr,
cuando la buena estrella que antes me guiaba
se ha salido de su esfera[49] y lanza el fuego
a los abismos infernales. Si le disgustan
mis palabras y mi acción, dile que tiene