Antonio y Cleopatra
Antonio y Cleopatra Ya muero, reina, muero. Tan sólo
suplico a la muerte que me aguarde
hasta que de un millar de besos yo en tus labios
estampe el pobre último.
CLEOPATRA
No me atrevo, amor.
Perdóname, Antonio, no me atrevo,
no sea que me apresen. Conmigo
no va a engalanarse la escena triunfal
del radiante César. Si daga, tósigo, serpiente
hiere, mata o surte efecto, estoy a salvo.
Tu mujer, Octavia, de ojos pudorosos
y sentencia muda, no tendrá el honor
de mirarme con virtud. Mas ven, ven, Antonio.—
Ayudad, mujeres.— Debemos subirte.—
Ayudad, amigos.
ANTONIO
¡Date prisa, muero!
CLEOPATRA
¡Qué entretenimiento! ¡Y cómo pesa mi señor!
Mi fuerza se ha perdido en el pesar
y da más carga. Tuviera yo el poder de Juno,
Mercurio el alado te llevaría hasta arriba,
al lado de Júpiter.— Un poco más.
Quien sólo desea es bobo. Vamos, vamos, vamos.
Suben a ANTONIO hasta CLEOPATRA[63].
¡Ah, por fin conmigo! Muere luego y vive antes;