Antonio y Cleopatra
Antonio y Cleopatra Entonces ofrece a los dioses un sacrificio de gratitud. Cuando place a sus divinidades, nos enseñan quiénes son los sastres de este mundo. Y en ello está el consuelo de que, cuando un traje está gastado, los del oficio hacen otro. Si no hubiera más mujeres que Fulvia, ¡triste asunto! Tu pesar culmina en la consolación: el camisón viejo trae la enagua nueva, y en la cebolla hay lágrimas que bañarán tu dolor.
ANTONIO
El asunto que ella ha abierto en el Estado
no soporta más mi ausencia.
ENOBARBO
Y el asunto que tú has abierto aquà te necesita, especialmente el de Cleopatra, que exige enteramente tu presencia.
ANTONIO
Basta de frivolidad. Anuncia mi intención
a mis oficiales. Yo haré saber
a la reina la causa de este apremio,
y me dará licencia de partir. No es sólo
la muerte de Fulvia y motivos acuciantes
lo que me reclama: las noticias
de muchos de mis agentes romanos
solicitan mi retorno. Sexto Pompeyo
ha retado a César y domina
todo el mar. Nuestro pueblo inestable,
que no entrega su afecto al que merece