Antonio y Cleopatra
Antonio y Cleopatra Entra ALEXAS de parte de Antonio.
ALEXAS
¡Salud, soberana de Egipto!
CLEOPATRA
¡Qué poco te pareces a Marco Antonio!
Aunque, viniendo de su parte, el gran elixir
con su licor te ha transmutado.
¿Cómo está mi gran Marco Antonio?
ALEXAS
Lo último que hizo, Majestad, fue
dar un beso, el último de miles, a esta perla
oriental. Sus palabras se clavaron en mi pecho.
CLEOPATRA
Y de ahí mi oído ha de arrancarlas.
ALEXAS
«Buen amigo —dice—, haz saber
que el fiel romano envía a la gran egipcia
el tesoro de una ostra y que, además,
por compensar tan vil regalo, rodearé
su rico trono de otros reinos. Todo el Oriente
—díselo— la llamará señora.» Saludó
y con dignidad montó un airoso corcel,
que relinchó con tal brío que silenció
brutalmente mi respuesta.
CLEOPATRA
¿Estaba serio o alegre?
ALEXAS