El Mercader de Venecia
El Mercader de Venecia Seguramente es más útil considerar la imagen que los isabelinos podÃan tener de los extranjeros en general y de los judÃos en particular. La segunda escena de EL MERCADER DE VENECIA y el personaje del PrÃncipe de Aragón reflejan estereotipos nacionales frecuentes en la Inglaterra de Shakespeare. Pero, más allá de diferencias evidentes, podÃa haber puntos de coincidencia entre los naturales de distintos paÃses europeos. G. K. Hunter ha mostrado que desde la Edad Media la noción negativa de extranjerÃa estaba estrechamente vinculada a la religión. Los italianos de EL MERCADER DE VENECIA son presentados como cristianos y, por tanto, como afines o semejantes a los ingleses. En cambio Shylock, en tanto que judÃo, es «diferente», y en la comedia la diferencia se manifiesta desde que entra en escena: a Shakespeare le basta el breve diálogo entre Shylock y Basanio al comienzo de I.iii para dejarla establecida. Más que en la observación, la concepción de Shylock parece estar basada en un inevitable prejuicio de carácter religioso: su insistencia en la libra de carne confirmaba su pertenencia al pueblo que mató a Cristo y que en la imaginación popular se bebÃa la sangre de niños cristianos. Lo más probable es que la conversión forzada de Shylock en la escena del juicio no solo no habrÃa causado ningún malestar al público de Shakespeare, sino que dejarÃa insatisfechos a quienes le habrÃan condenado a muerte.