El Mercader de Venecia
El Mercader de Venecia SHYLOCK
No. Ninguna que invente tu ingenio.
GRACIANO
¡Ah, maldito seas, perro abominable!
¡Tu vida es el baldón de la justicia!
De mi fe casi me haces descreer
para opinar, como Pitágoras, que las almas
de las bestias se introducen en los cuerpos
de los hombres[47]. Tu espÃritu perruno
fue el de un lobo que, ahorcado por sus crÃmenes,
exhaló su alma feroz en el patÃbulo
y se introdujo en ti cuando estabas en el vientre
de tu impÃa madre; pues tus deseos
son lobunos, sanguinarios, hambrientos y voraces.
SHYLOCK
Mientras tus gritos no deshagan el sello
de mi trato, estarás lastimando tus pulmones.
Apáñate el ingenio, buen muchacho,
no sea que se estropee sin remedio.
Me atengo a la ley.
DUX
Esta carta de Belario recomienda
a este tribunal a un joven y sabio doctor.
¿Dónde está?
NERISA
Aguarda aquà al lado para saber
si le admitÃs.