El Mercader de Venecia
El Mercader de Venecia Te aseguro que mucho más me duele
el que dudes de mi entera voluntad
que si hubieras gastado todo lo que tengo.
Conque dime ya qué debo hacer
que, según tú, esté en mi mano;
estoy dispuesto a ello. Vamos, habla.
BASANIO
En Bélmont vive una rica heredera
y es hermosa, y, lo que es más hermoso,
de ricas virtudes. En otro tiempo, sus ojos
me enviaban mensajes callados y dulces.
Se llama Porcia, en nada inferior
a la hija de Catón, esposa de Bruto.
Sus prendas las conoce el mundo entero.
De todas las costas, los cuatro vientos
empujan a famosos pretendientes.
Sus rubios cabellos le cubren las sienes
como un vellocino de oro,
y Bélmont es la playa de la Cólquida
a la que tantos Jasones ponen rumbo[9].
¡Ah, Antonio! Si yo tuviera los medios
para poder contender con uno de ellos,
me augura el corazón tanta fortuna
que sin duda sería el agraciado.
ANTONIO
Sabes que toda mi riqueza está en el mar,
y no tengo dinero ni mercaderías