El Mercader de Venecia
El Mercader de Venecia que, si las vieran, Cupido enrojecería
de verme convertida en un muchacho.
LORENZO
Baja, que tú me llevarás la antorcha.
YÉSICA
¡Cómo! ¿Que alumbre mi propia vergüenza?
Ya luce demasiado por sí misma. Amor mío,
el oficio de la antorcha es descubrir
y yo debo ocultarme.
LORENZO
Estás oculta, vida mía,
en tu lindo atavío de muchacho.
Vamos, ven, que la noche se vuelve fugitiva
y nos esperan en la fiesta de Basanio.
YÉSICA
Voy a cerrar las puertas y proveerme
de más ducados. En seguida estoy contigo.
[Sale arriba.]
GRACIANO
A fe mía, gentil y no judía.
LORENZO
Que me pierda si no la quiero de verdad.
Es prudente, si no me equivoco,
y bella, si los ojos no me engañan,
y fiel, como lo ha demostrado;
y así, prudente, bella y fiel,
la llevaré en mi pecho constante.