El Rey Lear
El Rey Lear LEAR.—¡Ea! Que disequen a Regan: veamos de qué elementos se formaba su corazón. ¿Hay algo en la naturaleza que pueda volver tan duros esos corazones? (A EDGARDO.) Señor, os alisto en el número de mis cien caballeros, aunque no me agrada mucho la forma de vuestro traje. Me diréis tal vez que es la moda de Persia; no importa, mudadlo.
EL CONDE DE KENT.—Ahora, mi buen señor, acostaos y reposad un momento.
LEAR.—¡Silencio, silencio! ¡Cerrad las cortinas! SÃ, sÃ, iremos a cenar cuando amanezca. SÃ, sÃ.
EL BUFÓN.—Pues yo me acostaré al mediodÃa.
Vuelve GLOUCESTER.
EL CONDE DE GLOUCESTER.—Acércate, amigo: ¿dónde está el rey mi señor?
EL CONDE DE KENT.—AquÃ; mas no le turbéis; ha perdido la razón.
EL CONDE DE GLOUCESTER.—Cógelo en tus brazos, amigo mÃo; al venir he oÃdo que tramaban una conspiración para asesinarlo. Aquà cerca hay una litera preparada. Colócalo en ella y encamÃnate sin dilación a Douvres, donde hallarás buena acogida y numerosos protectores. Si tardas media hora en alejarte, su vida, la tuya, y la de cuantos osen defenderle, corren inminente riesgo. Ea, cógelo y sÃgueme. Os conduciré a un sitio donde hallaremos provisiones.